, ,

Arte, Marketing e Integrar la Identidad con Kiki Pertíñez

Un día donde el verano implacable de Madrid parecía comenzar a ceder, Kiki me invita al open studio del proyecto transatlántico de Boom! Art Community de este año, una primera mirada a la exposición de Freisy González. Nos sentamos en el patio de Un Lugar, a conversar por poco más de 50 minutos.

Admito que yo sabía de Kiki probablemente desde 2013. Un verano cuando era pasante a los 18 años. Sabía poco, pero más que suficiente. Sabía que Kiki Pertíñez era parte de esas personas que estaban haciendo cosas interesantes en Venezuela, contra todo pronóstico.

Pero de algún modo, no nos habíamos conocido hasta ahora. Kiki llegó a España con la necesidad de exiliarse hace 8 años, e hizo de este paso una transformación que dio pie a Boom! Art Community. Me tropecé con su perfil como quien recuerda algo que le dijo un amigo hace muchos años ¿Cómo se me había olvidado?

De vuelta a la silla en el patio, hago lo mejor para saciar mi curiosidad en la entrevista, a la vez, reconociendo que estoy ante alguien que fácilmente pudo haber sido parte de mis muchos mentores. Rápidamente se vuelve obvio para mí que nunca dejas de tener nuevas fuentes de inspiración.

Vick: ¿Cómo te percibes a ti misma? ¿Cómo dirías sí soy esto y no soy aquello?

Kiki: Toda mi trayectoria laboral, profesional, ha estado orientada hacia la creación. Entonces, si tuviera que resumir lo que sí soy, es un ser creativo. Soy creativa, incluso antes de empezar a trabajar. Estudié Artes, estudié Psicología, trabajé en publicidad, pero toda mi práctica ha sido orientada hacia la creación. Sin embargo, la vida como un hecho sinuoso, se mueve casi como una serpiente que toma muchas curvas, me ha dado la oportunidad de probar, desarrollar, muchos ámbitos para lograrlo.

Actualmente podría definirme como una hacedora cultural, ¿qué es una hacedora cultural? Una gestora cultural, sí, pero que yo me encargo de hacer cultura. Me encargo de que verdaderamente los proyectos lleguen a materializarse, no importa cuál sea el rol que tenga que tomar.

A veces soy líder, a veces estoy tras bambalinas, a veces soy invisible, incluso, no me veo. Porque lo que a mí me importa es que los proyectos se hagan realidad. Por eso es que me defino como hacedora cultural.

¿Qué no soy? No soy artista, y me encanta no serlo. Estuve mucho tiempo digamos que siendo foco como directora creativa de grandes marcas y grandes proyectos que mezclaban cultura y marketing, pero hace bastante tiempo decidí que iba a ir minimizando, para decirlo en términos de video: hice zoom in hacia la parte de la creatividad, pero hice un fade out hacia lo que es la parte de ser quién lo hace, quién lo desarrolla, y por eso me iré al arte.

V: Me sentí muy identificada primero con eso, de que estudié comunicación y trabajé en Marketing, y vengo con la intención de hacer ese pivot, pero hacia artista.

Eso me hace preguntar, ¿Cómo ves tú ahora el rol del marketing, sobre todo teniendo tanta trayectoria?

K: Para mí es supervaliosa la pregunta porque define mi proceso. Tengo 51 años y comencé a los 19, formalmente en agencias a los 21 años, o sea, hace 30 años comencé dentro de agencias de publicidad transnacionales, siempre buscando eso, como más, y más y más, una búsqueda incansable. ¿Qué es inherente al marketing? ¿qué es el marketing? Lo insaciable.

Entonces, llegó un momento donde ese tema de insaciable, cuando ya incluso había tenido mi propia agencia de publicidad, con proyectos transnacionales, siempre orientados desde la creación. Poco a poco, fui dejando o mutando el marketing como tal, hacia el marketing cultural. Es algo que vine haciendo desde Venezuela.

La primera transformación fue convertirme de una marketera purista a una marketera que entendía de arte, que entendía de cultura y que le daba un paso al arte a través de las marcas. No conviviendo, sino casi siempre tratando de cumplir objetivos, pero poniendo primero y sobre todo, antes que nada, a los artistas y los creadores.

Por eso manejé con marcas fabulosas como Absolut, Lucky Strike o Mini, que te permitían eso, que ponían en valor a los artistas.

Hoy, sigo convencida que el marketing es necesario, es una buena herramienta, pero en su justa medida.

No soy como una ex fumadora que odia el tabaco. Soy una persona que entiende que las cosas pueden vivir en armonía, pero que cada cosa debe tener su porcentaje y su área. Entonces, hoy, sin duda alguna, primero y antes que nada, está la cultura y los proyectos. Pero fíjate que nosotros desde Boom! (Art Community) seguimos desarrollando proyectos culturales.

No solamente trabajamos con programas para artistas, sino también proyectos culturales para instituciones, para territorios, para artistas, para empresas, que nos siguen pidiendo estos proyectos, pero teniendo como estandarte la cultura y el arte.

V: Hace tiempo fui a visitar a una amiga y en una librería me compré un libro de Magnus Resch (Management of Art Galleries). ¿Cuál es tu percepción con respecto a ese intento de juntar el marketing con las galerías?

K: Yo creo que son como hermanos que no se llevan bien. En el sentido de que tienen cosas comunes, pueden tener incluso algunos valores, algunos ejes comunes, pero luego definitivamente son muy antipáticos el uno al otro. Yo creo que todo proyecto necesita esfuerzos de marketing, sin duda alguna. Pero vamos a definir primero qué diablos es marketing. Ahí es donde radica todo, porque es como todo, las cosas en su justa medida y en su justo balance.

Estoy en total desacuerdo con las galerías que se manejan hoy en día como empresas más que de marketing, como si fuera de realtors. Que venden las paredes por metro, por centímetro.

Que tratan a los artistas ya no de manera simbiótica, sino desde una manera absolutamente fría. Entonces, en ese sentido, yo creo que cualquier cosa que rompa el balance, está mal.

Y cualquier cosa que haya desvirtuado el sentido de las galerías como tal. Porque al final hay galerías que son agencias de marketing de artistas, y no están haciendo una gestión cultural, no están enriqueciendo el tejido artístico cultural, no están significando más nada que ventas.

Entonces, cuando tú conviertes a un artista en un producto, ahí empiezas tú…No voy a decir nombres, pero hay artistas latinoamericanos muy conocidos que tú pasas por Miami y está todo forrado.

¿Es un hito artístico que en el tiempo va a ser recordado o es un producto de este tiempo? No sé qué opinas, pero para mí ese tipo de cosas son supervaliosas de cuestionar. ¿Cuál es el rol de cada cosa?

Sigo trabajando los proyectos siempre integrando conocimientos de marketing, pero más como sentido común que como mercadotecnia que manipula, eso no me interesa.

V: Habiendo tenido contacto toda tu vida con el arte, y luego pasar a trabajar directamente con galeristas, ¿Cuál es la visión que tú ves que ellos tienen? ¿Concuerdas con esa visión o tienes algún tipo de crítica constructiva?

K: El mercado del arte es algo muy complejo. El mercado del arte es como cualquier otro mercado, especulativo. Es lo que mueve no solamente a coleccionistas, sino a galerías. Hay estrategias que se generan para que una cosa tenga más valor o menor valor. Hay incluso a veces decisiones frías, que no están basadas precisamente en el arte, sino en el mercado del arte, que es totalmente diferente.

Nosotros desde Boom! trabajamos con el tejido completo, con galerías, con artistas, con comisarios, con coleccionistas, pero realmente nuestro foco son los artistas, y los y las comisarias, porque ahí es donde todo comienza.

Para mí más que hablarte del rol de la galería, si estoy de acuerdo o no, lo que te digo es que el rol de la galería cambió. Las redes sociales, el contacto directo posible con los artistas, el que además el mercado y los números ya no dan. Muchas galerías por años fueron muy arrogantes y no fueron un sitio de encuentro, sino pareciera que un sitio de exclusión. Exclusión con el sentido de exclusivo, donde no todo el mundo pareciera tener la libertad de entrar.

Muchas de esas galerías hoy en día no sobreviven. En cambio, el arte y la cultura siempre ha buscado democratizarse.

Entonces, si una galería pretende ser hoy lo que era antes, en cuanto a los beneficios que obtenía en su relación con los artistas, pues debería mantener cosas que ya hoy en día no se mantienen. ¿A qué me refiero? Hace unos años a los artistas las galerías los apoyaban económicamente, los nutrían, invertían en ellos y de ahí que las relaciones fueran a largo plazo y de exclusividad.

Hoy en día, con un mercado tan diferente y también con la infidelidad de los propios artistas, que venden sus obras por su cuenta, que ya no creen en criterios de exclusividad, y muchas otras cosas más, pues hoy en día, los artistas pueden trabajar con más de una galería. Muchos artistas venden más en su taller que en una galería. Los artistas no reciben esa protección. Entonces, ¿qué estamos hablando? ¿y qué está ofreciendo cada quién?

Una galería hoy en día, si no se entiende como un espacio de encuentro y de intercambio de saberes, y donde suceden cosas, termina cobrándole al artista por exponer.

Y una galería que le cobre a un artista por exponer no es más que una página online pero con sede física, donde sencillamente es un tema transaccional. Se convierte en una tienda de Arte. Porque la galería significa muchísimo más.

Hay un gran número (de galerías que siguen apoyando a los artistas), pero cada vez son menos frecuentes. Y cada vez la gente se mete más en esto, realmente pensando que son tiendas de arte y no galerías de arte.

V: ¿Qué has visto relevante del comportamiento de los coleccionistas? porque hay muy pocos datos.

K: Porque las colecciones no quieren ser vistas. Recuerda algo, una cosa son las colecciones de instituciones, que están a la vista, muchas tienen sus propios espacios de exhibición. Pero luego, el coleccionismo privado, muchas veces no quiere que se sepa qué tienen ni quién los tiene. Por muchísimas cosas, seguridad, información, impuestos, etc.

Entonces, hay un juego de decir que eres collector, es jugar con un poco de prestigio. Pero realmente, hay un tema también muy importante, y yo creo mucho en el coleccionismo, que son las líneas de colección. El coleccionista también hace una investigación acerca de a quién le compra y por qué compra.

Y son igual de importantes los que compran por una verdadera pasión, y los otros que compran por inversión, que también son importantes porque muchas veces son los que apuestan a un mercado emergente, que tal vez otros no lo harían.

Se arriesgan un poco más, porque hay un tema de asesor. Yo creo que más que el coleccionismo, a mí una de las cosas que me parece más interesante son las personas que hoy en día manejan a coleccionistas y asesoran a coleccionistas.

Hoy en día hay una industria a partir del coleccionismo, que son grupos a quienes los coleccionistas recurren para generar sus colecciones. Y ellos los van llevando a galerías y estudios. Y eso es sumamente interesante y sumamente necesario.

Siempre y cuando haya (en las colecciones) unas líneas conceptuales y de tiempo. ¿Puede pervertir el mercado? Sí, sin duda. Pero la realidad es que son necesarios porque muchas veces son los que terminan siendo mecenas de artistas, mecenas de proyectos.

Nosotros contamos, por ejemplo, con gente que su manera de apoyarnos es comprar continuamente obra de los artistas que nosotros apoyamos. Y eso es una maravilla. Y muchos de ellos han visto que esos artistas en los que invirtieron siendo emergentes, hoy en día ya tienen algo de trayectoria y su obra se ha revalorizado.

Pero no lo han hecho por un tema transaccional, lo han hecho por un tema de creer en nosotros, y nosotros no somos asesores, ese no es nuestro trabajo, pero termina pasando. Y hoy en día, tienen obras que son muchísimo más valiosas, por decirlo de alguna manera, que cuando las compraron.

Parte de la exposición de Sutura ¿Qué otro nombre tiene la herida? por la fotógrafa venezolana Freisy González.

V: ¿Recuerdas o sabes en qué momento fue la idea inicial de Boom! Art Community? y ya teniendo algunos años de trayectoria, ¿qué piensas sobre esa Kiki que tuvo esa idea en ese momento, y cuál es tu visión a futuro ahora?

K: El momento lo recuerdo claramente, estaba hablando con una persona con quien además inicialmente creé digamos, no el proyecto, sino la idea inicial de lo que era un proyecto mucho más pequeño, mucho más atado a los venezolanos, pero como inicio, el Big Bang vino por estar siempre relacionada con tantos amigos artistas que al haber migrado para acá estaban en una precariedad absoluta.

Era impresionante. Y por eso el proyecto comenzó siendo un proyecto que reunía a artistas venezolanos. De hecho, la primera exposición con esta persona que te comento, que ella vive en Francia, estuvo hecha para 22 artistas venezolanos. Nosotros hicimos esta primera colectiva únicamente venezolana. Eso está muy bien, pero a esa persona la invité a salir porque el concepto era totalmente diferente. Porque yo me di cuenta, entre otras cosas, que un proyecto ghetto, nunca funciona.

Y si estás migrando y quieres seguir funcionando como ghetto, pues vas a fracasar. Y más en un país como el nuestro (Venezuela), que no tiene instituciones, no tiene representación diplomática, donde no hay fuentes de financiación, y que muchos de los venezolanos que han venido están en una condición económica o legal no tan buena.

V: Sí, te toca ser muy independiente.

K: Absolutamente. Y yo estoy absolutamente a favor de la autogestión. De hecho, soy una eterna emprendedora, pero tienes que saber que hay que ampliar. Eso desde un punto de vista práctico, pero también está desde el punto de vista del objetivo de integración.

¿Cómo puedes integrarte si sigues pensando en ghetto? Entonces es ahí cuando el proyecto se amplía a latinoamericano. Y es el primer acierto, en ese sentido.

Salirme de esa primera estructura, me permitió ampliar, me permitió entender. Hice estudios de mercado, hice un montón de cosas. Ahí es donde el marketing, viene y deja ahí su huella. Las herramientas muy bien utilizadas me permitieron entender y hacer un diagnóstico de lo que estaba pasando. De cuáles eran las necesidades reales de los artistas latinoamericanos.

Obviamente una representación primero muy pequeña, una muestra pequeña, pero que fue cambiando y ampliándose. Y a partir de la cual salió el Programa Acelerador para Artistas Latinoamericanos, que se llama PAAL. Donde dijimos: qué están pasando, qué necesitan, qué no saben, qué no dominan y qué podemos darles.

LA (NUEVA) IDENTIDAD VENEZOLANA

V: Me parece interesante porque siento que hay como de una identidad por hacer, un poco como una resignificación de la idiosincrasia.

Desde tu perspectiva, siendo una persona que vivió una Venezuela más pujante, ¿qué sentimientos o qué consideraciones tienes con respecto a la idiosincrasia? No tiene que ser particularmente de los artistas, pero esa apertura hacia el mundo, ¿cómo la interpretas?

K: Yo me di cuenta, y no somos los únicos, pero vamos a hablar de nosotros, que nos creíamos los amos del dolor, del sufrimiento. Que creíamos que la única historia dura era la nuestra. Nos creíamos el ombligo del mundo. Los venezolanos, cuando migramos, que además somos muy novatos en esto, siempre hemos sido grandes receptores de migración, y nos hemos creado y criado también como una sociedad a la cual se adhiere gente y nos nutren. Y nosotros nos nutrimos, y somos maravillosos, sí.

Pero es que hay gente tan maravillosa como nosotros, y hay historias tan fantásticas como la nuestra y más. Hay gente que está pasando por cosas peores que nosotros y más. Lo que pasa es que cuando tú eres primerizo en todo y no tienes tanto mundo en cuanto a esa conciencia, obviamente te cuesta entender que hay que luchar por muchos espacios.

¿Qué quiero decir? Todavía estamos creyendo que nos van a salvar de Venezuela. No, hay que salvarse. Todavía estamos creyendo que va a suceder un milagro. Entonces, como que somos muy inocentes en unas cosas y muy particulares en otras. Pienso que el venezolano ha tenido que aprender a ser migrante. Que no somos tan solidarios como creemos. Es horrible decirlo, pero es una realidad, en mi experiencia.

Tengo muchos amigos venezolanos que nos han ayudado un montón, sí. Pero también existe muchísimos venezolanos que no nos han ayudado, más bien nos han echado, como dicen en Venezuela, la burra pal monte.

No somos dueños de la perfección. Nos tenemos que entender humanos, nos tenemos que entender que vamos a tener nuestros ups and downs, que somos absolutamente prescindibles, que el mundo no es mejor porque nosotros estemos, pero que podemos hacer el mundo mejor, eso sí.

Es entender que tenemos las dos caras, que tenemos lo bueno y lo malo, que somos culpables y somos responsables, y también somos víctimas…todo eso lo somos.

¿Por qué te comento todo esto? Porque eso me hizo entender, que cuando yo veía y lo vi, por ejemplo en Bolivia, gente que tenía que correr de su país por problemas de género. Gente en otros países que tenía que correr también porque no había dinero, porque no había trabajo. Unos huyen por derecha, otros huyen por la izquierda. Al final, el humano siempre va a estar buscando.

Yo lo que dije (fue), ¿por qué no buscábamos aliados que estén pasando lo mismo? para actuar en bloque y así tener más alcance. Incluso desde una manera egoísta, si nos uníamos íbamos a ser más fuertes, íbamos a aprender más, íbamos a lograr más. Y te lo juro, que desde el momento que nos abrimos, lo aprendimos.

Y todo esto que te estoy diciendo, no lo estoy diciendo como una crítica, como si ese venezolano al que yo estuviera hablando fuera el otro. Esto también me incluye. O sea, yo también caí en esos errores. Todo esto es parte de mi aprendizaje personal.

Del cual, además, yo estoy muy orgullosa. No porque yo sea ahorita mejor que antes, sino porque soy un ser diferente, que me gusta más. Es más libre de aceptarme no perfecto, no tener la respuesta para todos, no ser infalible, etcétera.

Esa libertad que me dio migrar, y fallar, y equivocarme, me ha encantado, y creo que me ha nutrido. Esa, solo para volver a tu primera pregunta, es una gran diferencia entre arte y marketing. En marketing, no se puede fallar. En arte, fallar te hace aprender y crecer.

V: Yo siento que Venezuela es un poco como protagonista, te guste o no. O sea, de muchos procesos históricos que siempre había un venezolano ahí inventando algo.

K: Tienes toda la razón, pero si tú hicieras esa misma pregunta a un argentino y a un guatemalteco, también.

V: Claro, lo mismo.

K: Hay una cosa que he aprendido con el tiempo y con este proceso. Que es el tema con la mirada con gringolas. Es un hiperfoco que solo te permite ver una cosa. Cuando nosotros empezamos a ampliar esta mirada, y entendemos que, por supuesto que sí- que te lo diga Catalina la Grande y Francisco de Miranda- estamos hablando de cosas importantes, pero la belleza está también en encontrar lo que nos falta, no lo que ya tenemos.

V: En retrospectiva, por lo menos en la Caracas que yo viví, estudiando y trabajando, había esto de “lo de nosotros es lo mejor”, un poco miope. Como que no quiero ver lo otro, no quiero fijarme, no quiero comparar-pero al mismo tiempo estoy constantemente (comparando)

K: Pero también recordemos algo, y no es por justificarnos, pero ¿cuánto tiempo tenemos en dictadura? ¿Y cómo sobrevive uno a una cosa como esta sino tratando de enfocarse en las cosas buenas?

V: Creo que hay un intento de repensarnos, no adrede sino porque nos tocó repensar con qué nos identificamos realmente, y eso es algo que va a darse y que se va a rellenar ese vacío narrativo, por así decirlo.

K: Toda generación tiene sus retos. A mí hay una cosa que me gusta de la gente que tiene menos de 30 años, mis hijos, por ejemplo. Y es que yo siento que son gente que está absolutamente convencida que lo va a lograr, y de hecho, lo está logrando. Muchos son emprendedores de ideas que tú se lo preguntas a alguien mayor que ellos y te puede decir que es absurdo. Pero ustedes han vivido en un mundo donde los “no” han sido tantos, que ustedes se empeñan en un sí, y lo logran.

También creo que la generación de ustedes tiene un reto, que es buscar y crear una verdadera identidad, porque la identidad venezolana está desdibujada.

Porque son tantos los años donde nos han puesto una goma de borrar, de esto no, no sé si tu generación sabe lo que es un Tipp-ex. Borrando, borrando, borrando, esto no, esto no se puede, esto no se puede, esto no se puede, esto no se puede, y son tantos los “no se puede” que entonces, ¿quién soy?

Y muchos se han ido, y muchos volverán, otros no. Pero la identidad es algo que no tiene que ver con lo que te han quitado, sino con lo que queda a pesar de lo que te han tratado de quitar.

Y ahí es donde yo creo, y lo digo de verdad con un orgullo grandísimo, que el venezolano lo tiene bien claro.

Que, como te decía, somos nuevos migrando. Somos torpes, seguimos creyendo que el país se tiene que adaptar a uno.

EL PROPÓSITO DE BOOM! ART COMMUNITY

V: ¿Cómo has experimentado ese abrirse (al mundo)? más sobre los artistas, ¿qué cosas te han sorprendido o has aprendido de esta variedad de artistas?

K: De los artistas lo que aprendo de verdad es la fortaleza de creer en algo de lo cual todo el mundo les dice que no pueden vivir. Muchos artistas con los que trabajamos primero fueron ingenieros, arquitectos, médicos, aviadores, hay de todo. Imagínate tú que un papá que le diga sí aviador, pero no seas artista, sé químico pero no seas artista, y todos tuvieron que estudiar otra cosa. O algunos estudiaron esto, pero son excepciones.

Y aún así, no importa la edad que tengan, siguen trabajando en eso. Muchos tienen dos carreras, muchos de día son una cosa, y después se dedican al arte, porque también sobrevivir económicamente aquí es complicado. Si es complicado para los artistas españoles, imagínate.

Pero esa capacidad de reinventarse cada vez, y la profundidad y el compromiso que tienen con su búsqueda, y su investigación, es lo que yo más he aprendido de ellos. Alguien que defiende lo que hace, defiende su investigación, por absurda que mucha gente le va a decir que es, por incomprendida que sea, ellos están ahí convencidos.

Eso me encanta, eso es lo que cambia el mundo. Las personas que han cambiado el mundo han sido y han tenido ese perfil.

V: Y, por otro lado, ¿cuál ha sido la respuesta que has recibido al proyecto en España?

K: Cada vez más, el español se nos acerca. Ya hoy en día estamos siendo reconocidos por instituciones locales, (siendo) invitados a generar además charlas, a nuestros artistas los llaman para invitarlos a colectivas, a exposiciones en los cuales la visibilidad que nosotros estamos luchando, la estamos logrando, y el reconocimiento.

El español es súper receptivos con nosotros. Además, tenemos nexos obvios con España. Más allá de la deuda histórica, estamos hablando de abuelos, nietos, ese nexo consanguíneo que tenemos muchos, una historia común contemporánea, no estoy hablando de hace 500 años nada más.

Hay un tema muy importante, que es que España es la puerta de entrada de Latinoamérica hacia Europa. Entonces van a pasar por aquí los latinoamericanos, sin duda, o al menos muchos de nosotros.

Entonces, ya nos ponen en valor. Y tú lo ves, vas en el metro, vas en el autobús y el acento latinoamericano en general, no importa de qué país, peruano, chileno, cada vez está más presente.

Hay millones, ya esto es una metrópolis verdaderamente construida a través de gente, yo creo que un tercio es latinoamericano, por estadística lo que estoy diciendo.

V: Me gustaría hablar un poco de los aprendizajes o lo que tú rescatas más de cada uno de los años en los que has trabajado en Boom!, un poco como diciendo: el primer año descubrí esto, el segundo año descubrí aquello…

K: Vale, antes de cumplir el primer año descubrí que había una necesidad de ayudar, y de trabajo en colectivo, que lo centré en Venezuela. Al terminar el primer año, el verdadero aprendizaje era no trabajar en ghetto sino ampliar. El segundo año me di cuenta que ese ampliar cuando uno vive acá también significaba integrar. Y entonces, empecé a trabajar con españoles en el equipo.

En el tercer año, aprendí la importancia de hacer de la cultura proyectos sostenibles. Proyectos verdaderamente sostenibles en términos económicos. ¿Y qué hacer para que eso suceda? Nuevamente, es el tema de las alianzas, trabajar con instituciones, con empresas.

Y este que es el cuarto año por el que voy, creo que el aprendizaje real es la consistencia. Porque aunque estás aprendiendo y muchas cosas pueden ir mutando, el objetivo siempre es el mismo. Y esa consistencia es la que hace que uno permanezca, y que cuando falles, la gente siga creyendo en ti, porque sabe que lo que estás haciendo tiene objetivos claros y cónsonos con lo que tú quieres hacer y tus valores. Trabajar con valores es lo que definitivamente hace la diferencia.

V: Esta es la pregunta final, ¿cuál sería tu objetivo más «loco» con Boom!? O sea, ¿qué estás completamente segura de que esto se va a lograr? ¿cuál es tu objetivo más ambicioso?

K: La transformación social a través de la cultura.

Lo estamos haciendo poco a poco, y lo seguiremos haciendo. Ahora lo estamos haciendo en pequeño, pero acercar a la gente y transformar a alguien que ve al otro como un ajeno, un enemigo, un alguien que no entiende, en alguien conocido y que tiene cosas en común. Eso es transformación cultural a través de la cultura.

Y créeme que es importante, hay grandes ejemplos en el mundo, y yo estoy convencidísima de que lo vamos a lograr. Ese sería nuestro propósito.

Did you find this inspiring? Feel free to comment and share any valuable insights on what has helped your creative journey.

You can find me on Instagram @fromyourartistfriend,
Youtube @fromyourartistfriend,
and subscribe to my weekly Substack From Your Artist Friend.

V

All the products/services that I review on this site aren’t promoted or sponsored content, unless otherwise stated. I strongly believe that supporting fellow Artists also includes actually spending if/when you can, and recommending their work.