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Crítica al arte vs Censura

Los debates de internet se han vuelto completamente estériles, repetitivos, aburridos y- sobre todo- deshonestos.

Cada tantas semanas sale alguna canción, video, noticia, etc. que hace que la gente tenga comentarios, naturalmente. Sobre todo si esa música apela a una herida profunda, como por ejemplo la de ser una nacionalidad desplazada por el conflicto político (🇻🇪).

Ese ejemplo de la reacción de algunos días a Veneka, puede parecer muy particular y desconectado del resto. Pero en realidad es buen ejemplo de cosas que están sucediendo más allá de twitterzuela.

La cuestión es que hace rato pasamos de un foco pro-identidades a un foco anti-polémica. Estamos cansados (con razón) de las polémicas, pero no podemos quejarnos y decir que es culpa de los medios, porque esos medios se dejaron morir.

Da la sensación de que las redes nos están mostrando lo peor de nosotros mismos como colectivo.

Tal vez nos estamos dando cuenta que “el ciclo de las noticias” necesita de algo que se llama ética.

Y vuelvo al ejemplo de la música porque hace poco Ethel Cain, una cantante estadounidense, hizo una observación que sorprendió por su franqueza.

“Nadie toma nada en serio”

“No importa lo que haga, siempre lo vuelven un chiste”

También me topé hoy con un comunicado de la banda colombiana Diamante Eléctrico, donde explican que el modelo de negocios de las bandas ya no funciona. Algo que artistas como James Blake también han denunciado.

Comparto algunos de los highlights de su texto:

“El artista… Exigido a verse fantástico, postear como un influencer, tocar impecablemente y escribir canciones trascendentes”.

En general, tanto vivir del arte como criticarlo con honestidad, es complicado. No solo está ese middleman que mencionan, sino que las mismas redes se han convertido en una terrible estrategia que aliena tanto a verdaderos fans como a creadores.

Entonces, comienzo con varias apreciaciones en este contexto:

  • Hacer arte es difícil porque el artista le toca asumir responsabilidades no solo de creador, sino de mercadear, producir, administrar, generar contenido, etc.
  • Todo este esfuerzo también se pierde dentro del algoritmo. Los artistas o creadores viven a la merced de la siguiente actualización de cada plataforma, que no necesariamente está pensada ni para los usuarios ni para los creadores.
  • Lo que sí se vuelve viral tiene una vida corta, pero intensa, donde se pasa del amor al odio rápidamente, la cultura de «stans» – más que fans enamorados, fans obsesivos- hace que se tergiverse incluso la estrategia de marketing de los artistas. Ya varias estrellas han tenido que decirle a sus propios fans que le bajen dos, e incluso dejar de mostrarse (Beyoncé), y más recientemente, marcar límites (Chapell Roan).
  • Es una posición incómoda de estar porque responde a una narrativa a la que te fuerzan a obedecer.
  • La realidad es que muchos artistas no entraron al negocio para ser Kardashians, ni vivir de polémicas, sino para hacer lo que les gusta y vivir de eso.

Por qué nos cuesta ser honestos

En todos estos ejemplos de mercados distintos, el artista parece estar diciendo algo prohibido. Si tener algún tipo de plataforma pareciera algo de la providencia, que tú tengas quejas es visto como algo tabú de decir, tú «deberías estar dando las gracias y someterte a cualquier trato porque tú querías ser famoso«.

Es curioso que tanto el artista como los fans de su música, siguiendo el ejemplo, sientan que no pueden hablar honestamente de lo que está sucediendo.

Por un lado, es genial que no venga un señor que nunca ha creado nada en su puta vida a decirme qué me tiene que gustar o qué no, en esto estamos todos de acuerdo.

Pero el problema es que pareciera que la discusión alrededor del arte murió. No creo que la haya asesinado el algoritmo o los stans que van a defender hasta lo peor, ni los boomers que se ponen a quejarse del reggaetón.

No me vas a leer diciendo que el rock murió al menos hace 30 años. Pero lo que sí pareciera que ha muerto es lo que estaba detrás de esos movimientos culturales.

El verdadero tabú ahora mismo es hablar honestamente de las cosas.

Es decir, sin venderte un producto, ni una estética vacía, sin una agenda política extremista detrás.

Todo el mundo quiere capitalizar no solo tu atención, dinero y voto, sino que para retener esto el método es destruir por completo el discurso público.

No vaya a ser que pienses por ti mismo así sea 1 segundo.

Si todo es joda, el verdadero enemigo es que te importe. En inglés to care puede ser cuidar y también que te importe.

Sharing is caring, y sharing your honest thoughts definitivamente es algo valiosísimo pero muy censurado.

Si siempre tienes que verte nonchalant – es decir, como que no te importa nada- no va a haber espacio nunca ni para decir, no me gusta el mensaje de esta canción porque tal, ni tenemos un problema de jóvenes varones radicalizados por la propaganda extremista. Solo por dar unos ejemplos.

Me encantó este video de Chloe donde habla sobre la relación entre la ropa y tus valores. La estética solía obedecer y reflejar ciertas no solo preferencias, sino valores por los que tú vivías.

En un mundo donde la estética y las palabras están vacías de significado, what do you stand for?

Dónde comienza la censura

Para mí la censura comienza en las falsas polémicas. Es parte del virtue signaling alrededor de las cosas. Esto significa que hay ciertas opiniones que las personas hacen porque saben que decir esas cosas va a hacerlos quedar bien ante alguna audiencia que consideran parte de su target.

Sin embargo, considero que ese virtue signaling es una pérdida de tiempo no solo por lo insincero que es, sino porque delata la pequeñez de su entendimiento. Ver el mundo con una superficialidad casi criminal, comparar e igualar todo, cuando esto es imposible.

El ciclo de las falsas polémicas va así:

  • Sale alguna noticia
  • Las personas más chronically online comienzan a opinar
  • Luego opinan los que se creen únicos y especiales a decir que los anteriores «están equivocados porque»
  • Salen los que apoyan la libertad de expresión a decir dejen que los demás se quejen
  • Salen los relativistas a decir «todo depende de»
  • Los normies se enteran de la noticia POR la polémica
  • Viene la segunda ola de comentarios sobre LA POLÉMICA y se repite el ciclo.

En fin, al final del día la noticia, la obra, lo que sea que salió al inicio no importa.

Y esto es lo que los artistas como Ethel Cain están denunciando, que no hay un feedback honesto que sea útil para los artistas.

Es la reacción a la reacción, y muchas veces estas polémicas falsas son desvirtuadas hacia equis discurso, usualmente con intereses políticos.

Porque aunque pensemos que no importa que los kids se vistan de punks, el problema es que no saben su historia ni promueven los valores que dieron inicio a ese movimiento.

Chloe dice: you’re goth, why are you conservative?

No quiero sonar como un viejo gritándole a una nube diciendo: las cosas solían significar cosas! Pero no me da vergüenza reconocer que lo soy.

Culpable de que me importe el significado. Y de querer poder decir mi opinión honesta sobre las cosas. Esa es mi pequeña rebeldía: caring y expresarme.

El juicio público

Los artistas o cualquiera que tenga una inclinación artística, al igual que los emprendedores, saben que para tener éxito, primero tienes que ser «un loco».

La verdad es que al inicio casi nadie va a creer en ti, y no tienen por qué hacerlo, pero entiendo que artistas como Ethel Cain se sientan desalentadas por haber salido de esa experiencia de que nadie te apoya hasta que la pegas, y luego tener que vivirlo de nuevo pero a gran escala.

Lo cool de las redes solía ser que podías salir de tu círculo social, de lo pequeño y asfixiante que se puede llegar a sentir tu entorno, y conectar con otras personas que sí pueden valorar tu obra.

Que sí pueden valorarte a ti, sin agenda personal incluida. Y que esas personas podían también ofrecerte insights de cosas que no estabas viendo, que no podías ver.

Hay personas que nunca van a querer ir más allá de ese modo de pensar tan reduccionista, que te van a juzgar para denigrarte y sentirse mejor consigo mismas.

Y siento que es esa censura la que ha sido amplificada en los últimos años. Eso no es justo. El juicio de una persona que no valora la dignidad humana es completamente carente de relevancia.

Y aunque sí, es válido que esa persona opine, tú no tienes por qué ser sometido a la pequeñez de su perspectiva.

Cómo ser honestos

Este tema me apasiona porque siento que he tenido una cruzada pro-honestidad toda la vida. Sin embargo, crecer me ha demostrado que la honestidad es el regalo más costoso.

La honestidad no es algo que tú le debes a todo el mundo, sino un regalo que le das a quien te ve. Y esa persona puede valorar ese regalo o no. Puede estar preparado para escucharlo o no.

Pero es en este diálogo continuo donde aprendemos cosas nuevas. La verdad, así como el arte, es algo de lo que hacemos parte, y vamos uniendo piezas que conforman un bigger picture.

El precio de ser honesto es alto, pero te hace libre. Porque puedes incluso decir odio esto que vi, y comenzar a cuestionarte, ¿pero, por qué lo odio?

No odiamos ni amamos nada de gratis. Esas reacciones son señales de que resonamos o rechazamos algo gracias a nuestras experiencias y a nuestros deseos.

Sabiendo esto, tenemos dos opciones: o seguir y ser parte de ese mismo ciclo inútil, o esforzarnos por tener conversaciones honestas con las personas que nos rodean. A tal punto que eventualmente tenga un efecto en el debate público.

¿Has sentido que te han censurado, o que te has autocensurado?

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Respuesta a “Crítica al arte vs Censura”

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